Es invierno, después de una placentera siesta de un día cualquiera en la vida de mi sobrino de dos años, se puede escuchar una tierna y leve ronca voz, que dice: “quiero una malena con yobur”, que en nuestro lenguaje sería algo así como: “quiero una magdalena con yogur”, velozmente cumplo su deseo. Mientras veo como engulle su exquisita merienda, acerco el calentador para estar mas a gusto, y obviamente, un niño de esa edad, no va a dejar escapar tan gran oportunidad de tocar ese aparato con rueditas, que cuanto más se acerca, mas calor irradia. Escasos milímetros quedaron para que su curiosidad sea saciada, ya que su hazaña es interrumpida (por un tito responsable) con un… ¡NO toques eso!, y como es normal él dijo: ¿por qué? ( si has pasado por esto, seguro que sabes cual es la siguiente pregunta ante CUALQUIER respuesta tuya ), yo le digo: porque te puedes quemar, y el dice: ¿ y por qué ?, y yo digo: porque está caliente, y el dice:¿y por qué?, yo digo: por que está enchufado a la corriente, con el fin de que haya una diferencia de potencial, y de esta manera los electrones pueden recorrer el cable y poner en marcha el mecanismo que tenga el calentador, y él dice: ¿y por qué?............ después de un sin fin de preguntas y respuestas, siguió comiendo su merienda, además, es seguro que no se había enterado de nada de lo que yo le había explicado, sinceramente me parece de lo más normal. Lo mismo nos pasa a nosotros con Dios, da igual si nos explica de tropecientasmil maneras los planes que tiene para nosotros, nunca lo podremos entender al 100%, no se trata de ¿por qué?, Dios quiere OBEDIENCIA, ya que TODO tiene un propósito.
Y sabemos que a los que aman a Dios, TODAS las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
Romanos 8:28