Encuentro Matrimonial New York
Caminando Juntos

26 de febrero de 2006 Domingo 
8º del Tiempo Ordinario B

Os 2, 16-17b.21-22; Salmo 103; 2Cor 3, 1b-6; Mc 2, 18-22

Signos manifiestos del amor a Dios

 

Anécdota

La vida es como una botella de buen vino. Algunos se contentan con leer la etiqueta.

Otros prefieren probar su contenido.

En cierta ocasión mostró Buda una flor a sus discípulos y les pidió que dije ran algo acerca de ella.

Ellos estuvieron un rato contemplándola en silencio.

Uno pronuncio una conferencia filosófica sobre la flor. Otro creó un poema. Otro ideo una parábola.

Todos tratando de quedar por encima de los demás.

¡Fabricantes de etiquetas!

Mahakashyap miró la flor, sonrió y no dijo nada. Solo él la había visto.

¡Si tan solo pudiera probar un pájaro una flor, un árbol, un rostro humano…!

Pero ¡ay! ¡No tengo tiempo!

Estoy demasiado ocupado en aprender a descifrar etiquetas y en producir las mías propias. Pero ni siquiera una vez he sido capaz de embriagarme con el vino.

Anthony de Mello en “El Canto del Pájaro p.44”

 

En la proximidad de la cuaresma, con el próximo miércoles de ceniza, es propicio el hablar de ayuno. El evangelio de Marcos plantea ese tema el cual es uno de los medios para estar en mejor sintonía con el novio y su Espíritu. El hace con su Espíritu, todo nuevo.

 Recordemos las lecturas del domingo pasado de Isaías 43, 18: “Así dice el Señor: «No recuerden lo de antaño, no piensen en lo antiguo; miren que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notan?” Su mensaje es la buena nueva 

El es el “vino nuevo”, y necesita recipientes nuevos adaptados a los espacios y tiempos. Debemos dialogar con la cultura en la que vivimos y utilizar el lenguaje actual para ser entendidos. Esto en parte es a mí deducir los odres nuevos de los que habla Jesús.

 Como dice en relación a esto S. Pablo: “siendo libre de todos me he hecho esclavo de todos para ganar a los mas que pueda, me hice judío… griego… Me he hecho todo a todos para… 1Cor.9,18-23

 Además, de la oración y la ayuda de su gracia, podemos iluminar la cultura, darle sentido que no sea únicamente el comercial o de buscar fama sino para el progreso nuestro y por tanto del Reino (háganlo todo por el Reino de Dios y su justicia…). “Por tanto, ya comas, ya bebas o hagas cualquier otra cosa, háganlo todo para gloria de Dios” 1Cor.10,31; Col. 3,17

 En un estudio de misionología que tuve en C. de Méjico, un sacerdote quiso divertirnos por unos días con fuegos artificiales, algunos empezaron a criticar y hasta determinar expulsarlo del curso. Cuando le toco presidir la misa, dijo unas palabras inspiradas que aquietó los ánimos: ¡hermanos, acepto mi responsabilidad, aunque no fui el único, pero al juzgar o criticar, por favor, déjense llevar solo por el amor!. Un signo por el que debemos vivir todo cristiano.

 

Aunque el ayuno es extensivo a ser sacrificios de perfección y santidad: ayunar de las bebidas alcohólicas, el cigarro y toda clase de vicios, dejar la maledicencia, la mentira, la glotonería, la vanidad. No obstante, tenemos todavía un conjunto de normas, leyes, ritos y rúbricas; que tendrían sentido en cuanto nos ayudan a conseguir el fin: la comunión con Dios y nuestro prójimo, pero pierden su razón de ser cuando creemos que “nos aseguran la salvación” y nos alejan del amor al prójimo.

Ya Je remías había profetizado que el Señor pondría la ley en el corazón de los seres humanos. Ezequiel da un paso más allá y nos dice que el Señor sacará de nuestros pechos el corazón de piedra y meterá allá un corazón de carne. Isaías, más radical, acaba con todo lo pasado y profetiza un cielo nuevo y una tierra nueva. Lo viejo no nos vale. Es el paño nuevo, es el vino nuevo, son los odres nuevos.

Comparando lo nuevo con la conversión, no es una cirugía estética es un cambio a la novedad de la manera de pensar, no de peinado, ni siquiera de cabeza. No vale que un drogadicto se ponga una camiseta que diga “I Love Jesus”, o que se deje el pelo largo como Jesús. Para la Novedad no se admiten disfraces que dejen debajo el antiguo moho. Ni ayunar porque sí (inutilizando su sentido), ni marcharnos al otro extremo de no guardar ningún gesto que denote nuestra amistad con Jesús, nuestra pertenencia al pueblo de Dios, nuestro caminar como Iglesia.

 

Dejemos el exterior en su ser natural y cambiemos el interior, el corazón que en otras palabras es todas nuestras intenciones, nuestra personalidad, nuestra actitud en la cual solo el Espíritu es el único que puede transplantar.

En relación a esto también Lope de Vega dice:

 

Entra hasta el fondo del alma

Divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre

si tú le faltas por dentro

Mira el poder del pecado

cuando tú no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía

sana el corazón enfermo.

Lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo

Doma el espíritu indómito

guía al que tuerce el sendero

 

Nos dice el salmo de hoy que el Señor aleja de nosotros nuestros delitos, con una distancia parecida a la que hay entre el poniente y el ocaso. Es un modo de afirmar que el Señor aleja, lo más posible de cada uno de nosotros, nuestros propios pecados. Dios es, sin duda, un padre lleno de ternura para con sus hijos, lleno de cariño para cuantos le son fieles. Dios mío, ojala que ahondemos en cuanto todo esto significa en nuestra vida, y en nuestra muerte

Mientras que El esté con sus discípulos es lo mismo que si vivieran en plena fiesta nupcial, exentos por tanto de la obligación de ayunar. De ese modo Cristo se presenta a sí mismo como el Esposo que cantaron los profetas, en especial Oseas y Ezequiel cuando hablaron de la alianza de eterno amor que hace el Señor con su pueblo.

Sus discípulos no tienen que ayunar porque el Reino ya ha venido y ellos están viviendo ya el momento de las “bodas”, que es el tiempo del gozo y de la alegría. Pero con las metáforas del “paño” y de “los odres del vino nuevo” expondrá Jesús un motivo más hondo referido al espíritu nuevo. No condena las prácticas de los ayunos judíos sino el espíritu farisaico. No pueden interpretarse en un sentido negativo. Él mismo lo practicó el ayuno durante cuarenta días, período inspirador de la Cuaresma cristiana. Además, dio normas sobre el modo de ayunar, diciendo en el sermón de la Montaña que había que hacerlo sin ostentación ni vanidad, sencillamente y con discreción, buscando sólo agradar a Dios
La Nueva Ley del amor comporta un espíritu nuevo. Sus discípulos, que ya lo están viviendo, no están sometidos a copiar lo viejo. La plenitud del Evangelio desgarra el vestido viejo y revienta los “odres” del Antiguo Testamento. Que les dejen gozar del nuevo espíritu. Y si los fariseos ayunaban para acelerar la hora mesiánica, ¿por qué tienen que ayunar los discípulos de Cristo, si ya lo tienen presente? No lo descubrieron como si los sencillos. Lo lógico es que lo disfruten y gocen porque "El Reino de Dios está dentro de ustedes".

Que por fin, ha llegado la hora de la nueva Alianza, el tiempo de la Boda de Dios con los hombres, cuando Dios se ha hecho hombre, para que el hombre se haga Dios y consiguientemente, el tiempo de la alegría. ¡Y que alegría mayor que la pobre criatura humana llegue a ser D ios! Es una batalla ascética.

Ahora, en efecto, Jesús está cerca de nosotros, pero su cercanía y entrañable presencia no nos exime del ayuno, del esfuerzo y la lucha contra las malas inclinaciones que todos llevamos dentro

 

Pablo se ve precisado a asentar firmemente que es apóstol y que su ministerio no es una intromisión ni abuso. Se remite a los frutos de santidad que su predicación ha ido cosechando

He aquí algo muy importante: La condición de creyente en Jesús no se define adecuadamente por la mera inscripción burocrática en la lista de los miembros de la Iglesia; tampoco por la simple autodefinición de cada cual; ni siquiera por la ortodoxia del pensamiento y juicio que afirman todos los contenidos fundamentales del mensaje. Junto a esto, e incluso antes que todo esto, la definición del creyente en Jesús se traza a partir de un comportamiento coherente con la Buena Nueva; especialmente lo que lo identifica es el amor. “La pura letra, dirá san Pablo, mata y, en cambio, el Espíritu da vida”. “Por sus frutos se conoce el árbol” ¿Habrá que añadir que este test del comportamiento evangélico mide la condición cristiana de la Iglesia, de la autenticidad de sus ministerios, de la sinceridad de la fe de cada creyente?

La “novedad” cristiana ha de actuar como revulsivo con miras a la conversión de los criterios y de los comportamientos. Todos los cristianos, pero de modo especial, los sacerdotes como ministros del Señor, estamos al servicio de la novedad cristiana en el mundo; conversión permanente, siempre a flor de piel, antípoda de cualquier rutina o cansancio; refleja su fidelidad; o un regalo a tiempo y oportuno, el cariño que encierra, ¿qué puede significar el ayuno cristiano? No le demos más vueltas. Cuando queremos a alguien, ¿no somos capaces de plasmar cualquier esfuerzo, locura o sacrificio por agradarle? ¿No se convierte, ese período de interés, en un recuerdo vivo por aquel a quien se quiere

Hoy en las gentes, máxime establecidas en las ciudades ricas con experiencia de sobreabundancia y despilfarro, lo extraordinario puede ser, precisamente, ir contracorriente: sentir un poco la sensación de hambre o sobriedad; contrastar la grandeza con la sencillez; la opulencia con la escasez. Y, por otro lado, damos un paso más: lo hacemos en el nombre del Señor; en su recuerdo; sensibilizándonos a su presencia; porque queremos que, el camino hacia la Pascua, pase por el corazón de nosotros mismos; por el corazón de la familia cuando se reúne a compartir los bienes materiales.

¿Tiene sentido el ayuno? Si hay fe: ¡Sí! Tiene vigencia y, tal vez, hoy más que nunca. Necesitamos desiertos. Lugares que nos inviten a conservar o recuperar el amor de un Dios que corre el riesgo, y n o por parte de El, de ser perdido

 

Necesitamos signos renovados, signos que penetren en nuestro entendimiento y nos urja a vivirlos como sentido y crecimiento a nuestra vida que nos recuerden, una y otra vez, que somos miembros de una nación consagrada. Un ejemplo de algo que significa para nosotros es la bandera de un país, mas aun, nos llena de regocijo cuando la vemos en otra nación, de mejor manera debieran ser los signos de fidelidad a Dios y a nuestros hermanos, revitalizar los signos de humildad tratando de no creernos mejores, el signo de honestidad y sinceridad empezando por ser sinceros y honestos con nosotros mismo s y, cuando se le descubre, entonces todo lo que realizamos y simbolizamos está orientado para acrecentar y hacer más fuerte nuestro vínculo y amistad con el Señor. Viviendo con frenesí y emoción el creer en Jesucristo.

Cuando se le ama de verdad, cuando nos sentimos personas activas del Dios vivo, la simbología (por ejemplo la dieta o la abstinencia) se convierte no en algo imprescindible pero si en una cuña que asegura, consolida, ajusta y purifica nuestra fidelidad a Dios. Serle fiel nos cohíbe de complacernos en el pecado.

El es la encarnación perfectísima del esposo enamorado, que quiere convertir a una esposa prostituta e infiel, en una espo sa amorosa y entregada, limpia, libre y sin mancha desde dentro

Dios le dice al pueblo hebreo, a través del profeta Oseas, que su amor por ellos es semejante al amor que tiene el novio por la novia. Todos los profetas coincidieron en que las bodas de Dios con su pueblo sucederían a su regreso. Así que cuando Jesús se comparó al novio, lo que estaba haciendo es dejando muy claro quien era Él. Estaba diciendo que Él era Dios

 

Después de este relato, ¿quién puede dudar de que "el Señor es compasivo y misericordioso, que perdona todas tus culpas y te colma de gracia y de ternura, que es lento a la ira y rico en clemencia, que no nos trata como merecen nuestros pecados, y aleja como del Oriente al Ocaso nuestros delitos y que siente ternura por sus fieles como un padre con sus hijos?" Salmo 102.

 

Y el au tor del Apocalipsis cantará ampliamente la idea de las Bodas del Cordero: "Gocémonos, y saltemos de júbilo, y démosle gloria, pues han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha embellecido. Dichosos los que son convidados a la cena de las bodas del Cordero" (Ap. 19, 1).

 

Estamos preparando el banquete de la boda del Esposo con la Iglesia, con la Palabra, la oración, el silencio y el gozo interior. Al venir a nosotros, viene cargado de regalos, de amor y de fraternidad. Acojámoslos y repartámoslos con los hermanos, que necesitan nuestro testimonio, la libertad y nuestra alegría. Lo cual, podremos ofrecer con "nuestra capacidad que nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser servidores de una alianza nueva" 2 Corintios 3,1.

 

Apreciados hermanos, a partir de la próxima semana podran encontrar mis homilías en las direcciones siguientes: grupos de yahoo JoseAcosta_Homilias

Grupos de msn JESUCHRISTI@groups.msn.com

Los que la soliciten personalmente, con gusto se las enviaré a su correo electronico.

 



 José F. Acosta



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