Iglesia Pentecostal "Puerta De Sanidad", Inc.
"Esta es puerta de Jehová; por ella entrarán los justos." Salmo 118: 20

No Vuelvas a Egipto


Introducción

Todos conocemos la historia de la caída del hombre, la escritura nos revela que la primera pareja (nuestros padres terrenales), fueron engañados por el enemigo, y al obedecerle, fueron expulsados del reino de Dios. La tentación que el enemigo puso delante del hombre, fue realmente una lucha de voluntades, el hombre debía decidir entre obedecer a Dios, o obedecer al diablo, el enemigo con astucia venció al hombre, y este terminó siendo su esclavo, pues la escritura declara que uno es esclavo del que lo venció (2 Pedro 2:19), vemos como el hombre fue entonces, trasladado del reino de la luz al reino de tinieblas.

 

Una vez esclavos del pecado y de la muerte, dieron a luz a una simiente que por derecho legal era también esclava, es decir, si los padres terrenales eran esclavos, todos los hijos que tuvieran serian también esclavos, y así continuaría la cadena, los hijos de los hijos, continuarían siendo esclavos. La escritura declara que por un hombre vino el pecado y este se extendió a todos (Romanos 5:12), así también nosotros, al ser descendientes de sangre de Adán y Eva, por nacimiento éramos esclavos del diablo.

 

Solo otro hombre no descendiente de Adán podría luchar

 

Según la ley, por la victoria que el enemigo obtuvo sobre la primer pareja humana es que todos sus descendientes éramos esclavos, el enemigo venció a un hombre, y para recobrar la libertad, otro hombre debería vencerlo, ¿pero quien?, si todos los descendientes de Adán somos esclavos, solo podía participar en esa pelea, un hombre que no fuera descendiente de sangre Adán, fue entonces como el mismo Dios se hizo semejante a los hombres (Filipenses 2:7), habiendo nacido por el Espíritu Santo a través de la virgen María, el Señor Jesús aunque era Dios, era también un hombre completo, y por ley, podía entonces participar en la pelea con el diablo para darnos libertad.

 

Ya todos conocemos el resultado, nuestro Señor venció, dándonos libertad a todos aquellos que descendemos de él, tal como los que descienden de Adán por la carne y sangre son esclavos, así los que descendemos del Señor por el Espíritu, somos libres del pecado y de la muerte. Pero quiero decirte algo bien tremendo, mientras el Señor estuvo en la tierra nunca hizo uso de su divinidad, todos los milagros que el Señor realizo los hizo como un hombre ungido por el Espíritu Santo, por eso su ministerio lo inicio cuando el Espíritu Santo vino sobre el al momento del bautizo, y ese mismo Espíritu Santo es el que nos unge ahora para vivir una vida en victoria y el libertad del pecado, ese mismo Espíritu Santo nos da el poder y la fuerza para hacer las obras del Señor Jesús y aun mayores.

 

La Esclavitud del Pecado

 

Amado hermano, es verdad que el sacrificio del Señor en la cruz venció al diablo y a todo el reino de las tinieblas, también es cierto que al recibir a Jesucristo como nuestro salvador, nacimos de nuevo, de una simiente incorruptible, y fuimos liberados de la esclavitud de la muerte, pero en nuestro cuerpo de carne y sangre, todavía mora el pecado (Romanos 8:3), y si no aprendemos a vivir por la ley del Espíritu, tal como lo dice la escritura (Romanos 8:2), aun siendo Cristianos, nacidos de nuevo, continuaremos siendo esclavos del pecado, el Apóstol Pablo escribe.

 

Romanos 6

12 Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias; 13 ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

 

Esta es una tremenda realidad, recuerda que el pecado lo heredamos de nuestros padres (1 Pedro 1:18), y por la naturaleza caída que aun tenemos existe la posibilidad de ser esclavizados por el pecado, recuerda que en nosotros hay dos naturalezas, el hombre nuevo que se va renovando conforme la imagen de Cristo, y el hombre viejo que esta corrompido, y que si no lo dominamos por el Espíritu, nos arrastrará a la esclavitud del pecado nuevamente.

 

El pecado que mora en mí

 

Quiero aclararte bien este punto, el Señor Jesús nos dio libertad de la muerte al recibirle como nuestro salvador, y condenó el pecado que esta en la carne (Romanos 8:3), pero el pecado sigue en nuestro cuerpo de carne y sangre, y será eliminado completamente hasta el día que nuestro cuerpo sea transformado, en un cuerpo de “carne y hueso” a semejanza del cuerpo del Señor resucitado, no “carne y sangre”, recuerda que carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios, mientras vivimos en este cuerpo debemos vivir guiados por el Espíritu Santo para poder realmente vivir en la libertad que Cristo vino a darnos, el Apóstol Pablo en los inicios de su ministerio supo esta tremenda batalla que cada uno de nosotros debe pelear:

 

Romanos 7

20 Y si lo que no quiero hacer, eso hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en mí. 21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley de que el mal habita en mí. 22 Porque en el hombre interior me deleito con la ley de Dios, 23 pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?

 

El Apóstol Pablo sabia que aunque era salvo, y que la vida eterna ya la tenia asegurada, mientras no fuera libertado de su cuerpo de carne y sangre, tendría que luchar para no dejar que el pecado que mora en el cuerpo, lo esclavizara, esa es la misma lucha que hay en nosotros, en nuestra naturaleza caída esta el pecado que nos conduce a hacer todo tipo de actos contra la voluntad de Dios, y es por eso que debemos renovar nuestra mente para no obedecerle.

 

Antes de Cristo y Después de Cristo

 

Ante de conocer a Cristo, éramos esclavos de “faraón”, y debíamos obedecerle en todo, vivíamos una vida perdida, algunos en forma publica, siendo delincuentes, o drogadictos, otros en lo secreto, con terribles vicios escondidos, nuestra vida iba degradándose cada vez mas, al punto que las cosas que al principio eran terribles, tarde que temprano las terminábamos aceptando como normales, los trastornos eran a todo nivel, servíamos completamente para complacer todas las lujurias de nuestro amo, faraón.

 

Ahora que hemos venido a Cristo, el derecho legal que el diablo tenia sobre nosotros, fue quitado, Cristo nos redimió y todos los decretos que nos eran contrarios fueron clavados en la cruz del calvario, pero, es nuestra lucha personal, el decidir si obedecer al pecado, pues ya no puede obligarnos, o obedecer al Espíritu, que aunque pudiera, no nos obliga a hacerlo, porque es por amor que Dios nos atrae, el vivir por el Espíritu es duro para nuestro carne, trae sufrimiento a nuestra carne, el Apóstol Pedro escribió sobre esta realidad:

 

1 Pedro 4

1 Por tanto, puesto que Cristo ha padecido en la carne, armaos también vosotros con el mismo propósito, pues quien ha padecido en la carne ha terminado con el pecado, 2 para vivir el tiempo que le queda en la carne, no ya para las pasiones humanas, sino para la voluntad de Dios. 3 Porque el tiempo ya pasado os es suficiente para haber hecho lo que agrada a los gentiles, habiendo andado en sensualidad, lujurias, borracheras, orgías, embriagueces y abominables idolatrías.

 

El problema es que muchos no entienden esta realidad, aunque ya tienen el pasaporte para salir de Egipto por la sangre del cordero de Dios, deben morir al pecado para vivir a la nueva vida en el Espíritu, si vemos el relato del pueblo de Israel, vemos que ellos fueron salvos de la muerte que Dios envió en la décima plaga, por tener la sangre del cordero, esto en figura representa que nosotros somos salvos de la muerte eterna por tener la sangre de Cristo, la cual recibimos al aceptar su sacrificio en la cruz, como el cordero de Dios.

 

Pero al ver el relato del éxodo, nos damos cuenta que aun con la sangre protegiéndolos de la muerte, el pueblo seguía en Egipto, fue hasta que cruzaron el mar rojo, que realmente dejaron la esclavitud de Egipto, esto es símbolo de la muerte al pecado que nosotros realizamos al bautizarnos en agua.

 

Romanos 6

3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4 Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. 5 Porque si hemos sido unidos a Él en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección, 6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; 7 porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado. 8 Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él,

 

Que tremendo misterio el bautismo en aguas, es hasta ese momento que empezamos el camino a la vida en abundancia, nosotros debemos presentar nuestros cuerpos a Dios, como vivos de entre los muertos, sabiendo que el pecado ya no tiene poder sobre nosotros, a menos que nosotros cedamos a sus ordenes, es por eso que necesitamos tomar nuestra cruz cada día, en el momento que no nos morimos a la carne, el pecado empieza a esclavizarnos, queriéndonos regresar a Egipto, pero una vez que pasamos el mar rojo, ya no podemos regresar, la pregunta es entonces, ¿que sucede si un Cristiano se deja esclavizar por el pecado nuevamente? La realidad es que regresar a Egipto no puede, la puerta se cerró, lo que hará es quedarse postrado en el desierto.

 

Debemos renovar nuestra mente

 

Amado hermano, que duro es esta lucha, tratar de dejar un mal habito, o un vicio escondido, o aquellas pasiones prohibidas que nadie conoce, todos los Cristianos pasamos por este proceso y a menos que renovemos nuestra mente, seguiremos cayendo en pecado, es nuestra mente el campo de batalla, el enemigo sabe que el pecado mora en nosotros, pero también sabe que no puede obligarnos a pecar, lo único que le resta es tentarnos, dardeando nuestra mente, y en el momento que sus pensamientos los recibimos, el pecado es concebido, trayendo esclavitud a nuestras vidas. Es necesario vivir cada día, renovando el Espíritu de nuestra mente, a través de la palabra de Dios, solo así podremos hacer frente a los ataques del enemigo, y vivir una vida libre, guiados por el Espíritu Santo, glorificando a Dios en nuestro cuerpo, el Apóstol Pablo logro esta victoria finalmente, por eso pudo proclamar:

 

Gálatas 2

20 Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

 

Amado hermano, el enemigo buscará doblegar nuestra mente a través de herejías, buscando que hagamos de la gracia de Dios un libertinaje, o que seamos esclavos de los ritos antiguos, para que así terminemos nuevamente siendo esclavos en Egipto, el Apóstol les hace ver a los Gálatas (ver Gálatas 4:8-9), como antes eran esclavos del diablo, obedeciéndole en todo, pero ahora por la victoria de Cristo en la cruz, habían sido libertados, a una vida del Espíritu, y les reclama, haciéndoles ver como han sido sus mentes engañadas, y ahora están queriendo volver a los ritos de la ley mosaica, la ley fue dada para conducirnos a Cristo, quien es la descendencia prometida (a la mujer en Génesis 3:15, y a Abraham Gálatas 3:16), su propósito era hacerles ver su necesidad de aceptar a Jesucristo (ver Gálatas 3:22-24).

 

Reflexión

El enemigo buscará esclavizarnos haciéndonos poner nuestra confianza en la carne, la lucha interminable del Cristiano es aprender a vivir por el Espíritu, esta es la vida de fe, este es el evangelio de Dios, morir cada día a los deseos de la carne, para continuar este camino rumbo a la gloria prometida, la escritura es clara al afirmar que nadie que practique el pecado entrará el reino de Dios. Solo renovando nuestra mente por el Espíritu, y conociendo la verdad de Dios que podemos ser libres y vivir en la bendición que Dios quiere darnos, Cristo vino a regresarnos al reino de Dios, nos trasladó del reino de tinieblas a su reino de luz (ver Colosenses 1:9-14), no dejemos que el enemigo nos vuelva a esclavizar por no haber muerto a los deseos de la carne, crezcamos en el conocimiento de Dios cada día, para que podamos heredar la vida en abundancia que Dios ha prometido a sus hijos (Romanos 8:17), que son los que viven guiados por su Espíritu (Romanos 8:14). No dejes que tu carne te haga volver a Egipto.

© 2006 Igl. Pent. "Puerta De Sanidad", Inc.


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