¿Qué hacer cuando alguien que tú conoces está sufriendo?

El otro día escuché a una mujer cristiana describir cómo una amiga había «cometido varios errores» mientras trataba de consolarla durante un tiempo difícil. Se quejaba de que su amiga le había ofrecido consejo.

Hoy en día no sólo se nos desaconseja consolar a otros por temor a «cometer errores», sino que también se nos descalifica en el ministerio a menos que hayamos compartido la misma experiencia de divorcio, muerte, cáncer, abuso o alcoholismo. ¿Me equivoco al intentar consolar a mi amiga porque no he experimentado el abandono de mi esposo? ¿El consejo sólo es bueno cuando viene de alguien que ha sufrido la misma experiencia? ¿Es esto lo mejor que podemos ofrecer..., la compasión de quienes andan por el mismo camino? Pienso que no.

No hace mucho había terminado de lavar los platos del desayuno, cuando sonó el teléfono. Era una amiga de la iglesia que me dijo con voz temblorosa «¿Puedo ir a verte?». Unos minutos más tarde, me contó que su esposo la había dejado. El hecho de no haber experimentado esa clase de dolor no me impidió decirle que su situación me importaba mucho y decirle que el mismo Dios que me acoge y me conforta cuando estoy al final de mis fuerzas, haría lo mismo por ella.

Cuando un amigo necesita consuelo, no se retraiga pensando que no tiene ni la experiencia ni las palabras. Consolar y alentar a nuestros hermanos y hermanas en el Señor no es una tarea reservada solamente para los «expertos». Es el deber y el privilegio de toda la iglesia.

Después de mi operación quirúrgica, una amiga vino a verme al hospital. Luego me pregunté si yo hubiera visitado a una amiga que acabara de pasar por el día más triste de su vida. Estoy muy agradecida de que ella no tuviera miedo de hacerme sentir que se preocupaba por mí.

Era una nueva creyente con poca experiencia cristiana. Pero mientras estaba sentada al lado de mi cama, Dios la usó cuando dijo «Creo que vas a tener que dejar que tus amigos carguen tu dolor contigo». Recibí gran consuelo en su deseo de ayudarme a cargar mi dolor. Y a su manera, ella lo hizo.

Durante mi batalla con el cáncer, cientos de personas se comunicaron conmigo. Muchos citaron Jer 29.11: «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis». Me sentía confortada cada vez que leía éste versículo. Sin embargo, siempre habrá gente sin calidez que citan las Escrituras con ligereza, sin meditar en lo que están diciendo y creen que tienen una respuesta para cada ocasión. No debemos olvidar que en momentos de dificultad y estrés, nada, absolutamente nada, reemplaza a las Escrituras.

Cuando me siento débil y desanimada, busco a alguien con la luz de esperanza en sus ojos. Alguien que me consuele y dé animo.

Las Escrituras nos dan esperanza, no sólo para el presente, sino también para la eternidad. Si el mayor temor —la muerte— se hace realidad, Dios me ha prometido el cielo. Estoy segura de ello. Ésta no es una respuesta «típica» para evitar dar consuelo. Es la fuente, donde encontramos las respuestas, la verdad más grande, en un mundo que a veces no tiene sentido.

Muchas veces quienes experimentan pérdidas y dificultades están solos, porque quienes podrían consolarlos no saben qué decir. Cuando Luis y yo escuchamos que el hijo de unos amigos había muerto, nuestra primera reacción fue evitar a los dolientes. Pero, como cristianos, nuestro deber era mostrarles amor. Así que marcamos su número, respiramos hondo y les recordamos que estábamos pensando en ellos, y orando por ellos.

Más tarde, esa noche les escribí una nota para que supieran que nos preocupábamos por ellos. No les ofrecí consejo, porque las personas que sufren no necesitan consejo, simplemente necesitan nuestro amor, apoyo y oraciones. Luego, en tarjetas escribí versículos bíblicos relacionados con la promesa de la presencia de Dios en tiempos difíciles.

Las personas que están luchando con una pérdida están mental y físicamente exhaustas y puede que no busquen las referencias en sus Biblias. Me gusta usar versículos como «echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 P. 5.7) y «enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28.20).

En tiempos de sufrimiento buscamos a aquellos cuya mirada de confianza nos comunica que sí, Dios existe, y sí, Dios nos ama. El sufrimiento desarrolla un sentido especial y nos lleva a quienes tienen una íntima relación con Dios.

No «cometerá errores» si está citando la Palabra de Dios. Las Escrituras son lo que Dios dice —en forma viva y poderosa. Cuando sienta que el Espíritu Santo le incita a consolar a otro, ¡hágalo! Ofrezca su consuelo de manera amorosa y con sensibilidad, no hablándole con altivez. En amor, como un compañero en el discipulado de Jesucristo, puede compartir a Cristo y su Palabra con quienes sufren.

Patricia Palau Tomado del Consejero Bíblico http://www.luispalau.net/, usado con permiso.


<<
Política de privacidad   Derechos reservados © 2002 American Bible Society   Apoye a Tu Ministerio
Progress