Teresa vino a nuestra casa llena de temores y buscando ayuda. Era terrible. Hacía once años que visitaba a un siquiatra dos veces a la semana. Tenía temor del agua, de estar sola, de realizar sus quehaceres hogareños, de las relaciones sexuales con su esposo y de un sinnúmero de cosas.
¿Qué hacer en un caso semejante? ¿Acaso la Biblia tiene soluciones para una persona así?
El escritor de Hebreos afirma: «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu» He 4.12.
En cuanto al ministerio de consejería, este versículo nos asegura que:
1) La Palabra de Dios es viva, no está muerta, es contemporánea y nunca está pasada de moda. La Biblia me enseña, me ayuda a madurar, me reprende y me orienta. (Véase Jn 6.63 y 1 P 1.23)
2) La Palabra de Dios es eficaz, activa o, como dice Pablo, es la espada del Espíritu (Ef 6.17).
3) La Palabra de Dios penetra. La Biblia, empleada correctamente, juzga los motivos (algo que yo no puedo y no debo hacer,1Co 4.5).
Cuando oriento de acuerdo con la Biblia puedo estar seguro de que:
1) La meta agrada a Dios. Sin una autoridad absoluta, no se sabrá a qué estamos apuntando con los consejos. Cuando tratamos con problemas de la vida, la meta es que haya cambios. Honrar y glorificar a Dios en todos los aspectos de la vida (Col 1.10).
Como consejero, nunca puedo tener la seguridad de que podré ayudar a que una persona halle felicidad en su vida. Sin embargo, siempre estoy seguro de que puedo ayudar a la persona a vivir una vida que agrade al Señor.
2) El proceso agrada a Dios. Solamente cuando los consejos parten de la Escritura podemos tener la certeza de que instamos a la persona a hacer la voluntad de Dios, y no un capricho humano; la certeza de que no es un prejuicio u opinión personal por más buenos que sean. Parte de la tarea del consejero es ayudar a que la persona descubra la perspectiva de Dios en cuanto a su problema, y, por ende, la solución que la Biblia propone.
El plan bíblico
- Libra al aconsejado de ser controlado por las emociones, o quizás por «el consejo de malos» (Sal 1.1).
- Ayuda al aconsejado a sujetarse a las Escrituras de manera disciplinada y a solucionar sus problemas dependiendo de la autoridad de la Biblia.
- Asegura que el aconsejado seguirá recibiendo consejo aun cuando no tenga contacto con el consejero, porque hay un plan basado en principios bíblicos que el Espíritu Santo puede aplicar a su vida.
- Da esperanza al aconsejado, porque existe un plan bíblico que se puede poner en práctica.
- Mantiene la objetividad del consejero. Le proporciona una herramienta de evaluación del progreso para no abrumarse por las dificultades del aconsejado ni desviarse hacia una solución humanista debida a la emoción del momento.
- Descubre si el aconsejado realmente desea cambiar. El plan bíblico identifica y desanima al «aconsejado profesional».
El apóstol Juan explica: En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor (1 Jn 4.18). La solución radicaba en perfeccionar el amor en la vida de Teresa. Tuvimos que convencerla de que el amor es más poderoso que el temor. Ella no podía concebir que algo tuviera más poder que el temor que sentía. El amor echa fuera el temor.
Para echar el temor hay tres facetas del amor que se deben entender y, como el caso de las dos últimas, desarrollar: el amor de Dios, el amor a Dios y el amor humano.
El amor de Dios. Partiendo del amor de Dios, explicamos el evangelio y también que el temor es consecuencia del pecado (Pr 28.1). «Nosotros amamos porque Él nos amó primero» (1 Jn 4.19). Al día siguiente, Teresa entregó su vida a Cristo, porque se dio cuenta de que la solución comenzaba aceptando el amor de Dios y su manifestación, el sacrificio de Jesús.
El amor a Dios. Un problema que padece la persona con temor es que se acostumbra a seguir sus sentimientos temerosos en vez seguir la Palabra de Dios (1 Jn 2.5).
El amor humano. Pasamos a afirmar la importancia del amor humano: Nadie ha visto jamás a Dios; si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado (1 Jn 4.12).
El Espíritu Santo tomó su espada y penetró, reveló, aclaró, reprendió, regañó, enseñó y cambió a una persona cuando parecía que no había esperanza. ¡Que Dios nos ayude a hacer de consejeros bíblicos!
Jaime Mirón
Tomado del Consejero Bíblico, usado con permiso.