Hace tiempo vino a verme Jorge, un hombre de negocios, anciano de su iglesia, que había cometido adulterio. Entristecido por el dolor que había causado a su esposa e hijos, disciplinado por su congregación (aunque no todos los apartados están bajo disciplina eclesiástica), excluido de su grupo familiar, quebrantado y arrepentido, deseaba volver al Señor, a su iglesia y a su familia.
Basándome en esta triste historia verídica, mencionaré 3 principios que considero indispensables en el consejo y la restauración de un apartado.
1) Tener la seguridad de que el arrepentimiento es genuino. Es común que un apartado sienta pena o remordimiento pero que no esté arrepentido. La Biblia dice que Judas tuvo remordimientos por su proceder, y sin embargo nunca se arrepintió (Mt 27.3).
Este era uno de los problemas de Jorge. Cuando empezamos a «desempacar» su problema noté que nunca usó la palabra «pecado». Al referirse a la mujer con quien había cometido adulterio «Amaba» tanto a la joven que no podía admitir que la relación era pecaminosa.
2) Investigar los factores contribuyentes. Después del perdón y el arrepentimiento es imprescindible tratar con los factores que alimentaron el problema. La investigación ha de ser exhaustiva para que, dadas las mismas circunstancias, no haya reincidencia.
Otro factor contribuyente ilustra un problema demasiado común: la amargura. Jorge provenía de una familia con tradición evangélica en un pequeño país donde las lenguas son largas y las distancias cortas. Después de haber cometido adulterio, su amargura se hizo más profunda cuando los hermanos le acusaron de haber deshonrado el buen nombre de la familia.
Para Jorge fue extremadamente difícil confesar la amargura a Dios (1 Jn 1.9) y perdonar a sus hermanos debido a las actitudes pecaminosas de ellos. Sin embargo, tuvo que hacerlo a fin de limpiar su conciencia y llegar a la restauración total.
Sin duda en la vida de cada apartado fueron varios los factores que alimentaron su alejamiento de Dios y de la iglesia e impidieron su regreso. Algunos son tan evidentes como la falta del fiel estudio de la Palabra de Dios, el no congregarse de manera disciplinada, la falta de prioridades bíblicas en la vida, pecados obvios, etc. Otros factores pueden ser más sutiles, tales como desengaños, amargura, conceptos equivocados acerca de Dios y la vida espiritual, acondicionamiento previo, pecados escondidos.
3) Exhibir frutos dignos de arrepentimiento. Una persona apartada que se ha arrepentido y ha investigado todos los factores contribuyentes, debe entonces pensar en mostrar frutos dignos de arrepentimiento (Lc 3.8). ¿Qué frutos deberían ver en la vida del apartado los líderes de la iglesia, los que allí se congregan, la familia (y el apartado mismo), a fin de comprobar que existe arrepentimiento genuino? En la vida de Jorge los líderes de su iglesia tenían que asegurarse de varias cosas:
a) Que Jorge pidiera perdón a su esposa por el adulterio y por no haber dejado que ella fuera ayuda idónea. Lo instruimos a fin de que aprendiera a vivir con su esposa con sabiduría (1 P 3.7). Para que hubiera una restauración completa tuvimos que tratar con varias actitudes (lógicas pero no bíblicas) como autocompasión y un sentido de superioridad.
b) Que hubiera evidencia de que Jorge había perdonado a sus familiares de corazón.
c) Que una vez más estuviera íntimamente relacionado con su iglesia local. Siempre difícil después de un pecado tan obvio. Pablo luchó con el mismo problema en 2 Co 2.1-11.
d) Que comenzara de nuevo con una hora devocional.
e) Que renovara sus amistades cristianas.
f) Que leyera buenas revistas y libros edificantes.
g) Que empezara a buscar un ministerio en su iglesia.
h) Para resumir todos los frutos, que tuviera que dar razón de sus acciones a otros creyentes. Esto resalta la importancia de tener que rendir cuentas a personas maduras en la fe durante una etapa prolongada. Parte de los consejos y el proceso de restaurar a un apartado es un grupo de discipulado. Estas personas podrán atestiguar que quien se había apartado de Dios y de la iglesia, exhibe ahora los frutos dignos de arrepentimiento.
1. El caso de Jorge es típico, pero de ninguna manera representa la única clase de apartados.
2. Recomendamos el libro La amargura: el pecado más contagioso, por el mismo autor, publicado por Editorial UNILIT.
Jaime Mirón es vicepresidente de la Asociación Evangelística Luis Palau, reside en Pórtland, Oregon. Estados Unidos de América. Tomado del Consejero Bíblico http://www.luispalau.net/, usado con permiso.